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El miedo a hablar inglés es uno de los mayores obstáculos con los que nos encontramos cuando trabajamos con adultos que aprenden un idioma. Muchas personas creen que el problema es la gramática o el vocabulario, cuando en realidad el bloqueo suele estar relacionado con el miedo a equivocarse.
Hay una diferencia muy curiosa entre cómo hablamos nuestra lengua materna y cómo hablamos una lengua extranjera.
En español dudamos, nos corregimos, reformulamos frases, utilizamos palabras que no son exactamente las que buscábamos y, de vez en cuando, cometemos errores. Y seguimos hablando.
Sin embargo, cuando hablamos inglés, parece que las reglas cambian. Muchas personas sienten que cada frase tiene que ser correcta, que la pronunciación debe ser perfecta y que no hay margen para equivocarse. Si no encuentran la palabra exacta o no están completamente seguros de cómo decir algo, prefieren guardar silencio.
Es curioso porque esa exigencia de perfección normalmente no existe cuando hablamos nuestra propia lengua. Entonces, ¿por qué aparece cuando hablamos una segunda lengua? La respuesta probablemente no esté solo en el idioma, sino en la forma en que hemos aprendido a relacionarnos con los errores.
Esta idea no es nueva para nosotros. Hace un tiempo ya reflexionábamos sobre la relación entre la perfección y el aprendizaje en este artículo: https://mrbrownenglish.com/hablar-ingles-como-un-nativo/
Durante años la enseñanza de idiomas entendió el error como algo que había que eliminar.
Durante décadas, el error ocupó un lugar bastante incómodo dentro de la enseñanza de idiomas. Se entendía como una desviación respecto a la forma correcta de la lengua: algo que el profesor debía detectar y corregir cuanto antes para evitar que se consolidara. Desde esa perspectiva, cuanto menos se equivocaba un alumno, mejor estaba aprendiendo.
Hoy sabemos que esa idea resulta demasiado simplista. El aprendizaje de una lengua no consiste en memorizar reglas y reproducirlas perfectamente desde el primer día. Es un proceso mucho más complejo, en el que el alumno formula hipótesis, prueba estrategias, reorganiza conocimientos y modifica continuamente su propio sistema lingüístico.
En ese contexto, el error deja de ser únicamente un fallo y empieza a convertirse en una fuente de información.
El error no siempre es una señal de que algo va mal. Muchas veces es exactamente lo contrario: una prueba de que el aprendizaje está ocurriendo.
Corder cambió la pregunta
Uno de los grandes cambios en la adquisición de segundas lenguas llegó cuando Pit Corder propuso dejar de mirar el error únicamente como algo que debía corregirse. La pregunta ya no era «¿Qué ha hecho mal el alumno?», sino una muy distinta: «¿Qué nos está diciendo este error sobre cómo está aprendiendo?»
Desde esta perspectiva, los errores son valiosos porque permiten observar cómo el estudiante está construyendo la nueva lengua. No solo indican lo que todavía no sabe; también muestran lo que ya ha descubierto, las reglas que está intentando aplicar y las estrategias que utiliza para comunicarse.
En otras palabras: el error deja de ser el final del aprendizaje para convertirse en una ventana al propio proceso de aprender.
Si quieres profundizar sobre este tema:
- ERIC – The Significance of Learners’ Errors. Consultar el resumen del artículo
Un error también puede ser una hipótesis
Imaginemos que un alumno dice:
«He cans speak English.»
La respuesta inmediata suele ser: «Está mal». Y es cierto. Pero si nos detenemos un momento, descubrimos algo mucho más interesante. Ese alumno ya ha comprendido que en inglés existe una marca de tercera persona (he speaks). Ha identificado una regla y ahora está intentando aplicarla también al verbo modal can.
Es decir, no está hablando al azar: está formulando una hipótesis sobre cómo funciona el idioma.
Este tipo de errores se conoce como sobregeneralización y forma parte del desarrollo normal de una segunda lengua. No aparece porque el alumno no esté aprendiendo, sino precisamente porque está intentando organizar el sistema lingüístico que está construyendo. Visto así, el error deja de ser un fallo para convertirse en una pista.
Cuando no sabemos una palabra, también podemos comunicarnos
Existe otra idea muy interesante que pocas veces se trabaja en clase: muchas personas creen que si no conocen una palabra, la comunicación se detiene. Sin embargo, eso rara vez ocurre. Cuando no se dispone del recurso lingüístico exacto, nuestro cerebro busca alternativas:
-
Podéis describir el objeto o la idea.
-
Podéis utilizar una palabra parecida.
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Podéis reformular la frase o pedir ayuda.
-
Podéis comprobar si la otra persona os ha entendido.

Todas estas estrategias reciben el nombre de compensation strategies (estrategias de compensación) y forman parte del aprendizaje natural. No sustituyen al vocabulario, pero permiten que la comunicación continúe mientras seguimos aprendiendo. Y eso es exactamente lo que hacemos también cuando hablamos nuestra lengua materna: no dejamos de hablar porque una palabra no nos venga a la cabeza, buscamos otra forma de decir lo mismo.
Entonces, ¿de dónde nace el miedo a hablar inglés?
Aquí es donde, desde nuestra experiencia trabajando con adultos, creemos que merece la pena hacer una reflexión. El miedo a hablar inglés no suele deberse únicamente a la falta de vocabulario. Muchas veces está conectado con el miedo al error.
Equivocarse no impide aprender. Lo que sí puede dificultar el aprendizaje es que el miedo a equivocarse haga que una persona deje de participar. Cuando un alumno evita intervenir en clase, no hace preguntas, responde únicamente con frases muy cortas o decide no hablar porque siente que todavía «no sabe suficiente», sus oportunidades de utilizar el idioma disminuyen.
Y una lengua no se desarrolla únicamente estudiándola; también necesita utilizarse. Por eso creemos que el problema no es el error: el problema aparece cuando el miedo al error termina reduciendo las oportunidades para comunicarse.
¿Hay que dejar de corregir?
La respuesta es no. De hecho, la investigación tampoco defiende eso. Una enseñanza sin ningún tipo de corrección puede dejar al alumno sin la orientación necesaria para seguir avanzando e incluso favorecer que determinados errores se fosilicen.
La cuestión no es elegir entre corregir o no corregir. La cuestión es hacerlo con un propósito:
El debate no debería ser «corregir o no corregir». Debería ser qué corregimos, cuándo, cómo y para qué.
Una corrección puede interrumpir, bloquear y hacer que el alumno pierda la confianza. O puede ayudarle a comprender mejor cómo funciona la lengua, reformular su mensaje y seguir comunicándose. La diferencia no está en corregir, sino en la manera en que entendemos esa corrección.
Aprender un idioma también consiste en cambiar nuestra relación con el error
Quizá uno de los mayores retos al enseñar a adultos no es conseguir que cometan menos errores, sino ayudarles a entender que equivocarse forma parte del aprendizaje. Un error se puede analizar, explicar y corregir; pero una persona que deja de hablar por miedo a equivocarse plantea un desafío mucho mayor. Superar el miedo a hablar inglés implica cambiar nuestra relación con el error.
En Mr Brown English creemos que una buena formación no consiste únicamente en enseñar gramática o ampliar vocabulario. También consiste en crear un entorno seguro donde las personas se sientan con la confianza suficiente para probar, equivocarse, reformular y seguir comunicándose. Porque aprender un idioma no significa hablar perfectamente: significa atreverse a utilizarlo.
Quizá aprender un idioma no consista en cometer menos errores, sino en dejar de tenerles miedo.¿Y tú? ¿Crees que nos exigimos más perfección cuando hablamos un idioma extranjero que cuando hablamos nuestra propia lengua? Nos encantará leerte en los comentarios.
